Himura entró en la habitación unos minutos después de despedirse de sus honorables invitados, aquellos que le habían devuelto a la persona que más amaba, su esposa. Hacía dos años había sido dado por muerta pero ellos lo habían hecho posible. Les estaría eternamente agradecidos.
Rin se levantó al verle y le abrazó fervientemente...hacía tanto que había mantenido sus sentimientos escondidos para alejarse de las atrocidades del sultán, que incluso se sentía rara al expresar algo tan común como un abrazo a la persona que amaba.
Himura le miró a los ojos, pudiendo ver en ellos el terror y la agonía que había sufrido durante todos esos años. La abrazó aun más fuerte, tratando vanamente de hacerle olvidar todo aquello. La besó con la delicadeza de un pétalo de Loto, haciendo que el tiempo se detuviera durante unos instantes eternos.
- Al fin estás en casa mi amada. - la abrazó de nuevo, con un gesto protector.- aquí estás segura.
- Lo sé, querido - en sus facciones se dibujó una ténue sonrisa - lo sé...soñaba con que este día se cumpliera, cada día viendo como ese desalmado asesinaba jovenes inocentes y se divertía torturando a los plebeyos que iban a pedir ayuda. Soñaba con volverte a ver...fue eso lo que me mantenía cuerda. - sus ojos se encharcaron recordando las atrocidades que había visto.
- Siento no haber podido encontrarte antes, siento no haber podido estar allí para protegerte - Se separó un poco de ella. - juro que desde ahora nunca permitiré que te pase nada. - Himura se arrodilló mientras pronunciaba el juramento.
- Lo sé, no hace falta que lo jures - Rin se sentó en su rodilla, mientras los ríos de lágrimas bailaban de alegría y la emoción del momento; y le puso la mano en la boca señalandole que callará.
Acto seguido Rin se abalanzó sobre Himura, cayendo ambos sobre el suave suelo de madera de Cerezo Blanco. Tras dos años de desespero y acuciante soledad, ambas almas se unian de nuevo...
Rin se levantó al verle y le abrazó fervientemente...hacía tanto que había mantenido sus sentimientos escondidos para alejarse de las atrocidades del sultán, que incluso se sentía rara al expresar algo tan común como un abrazo a la persona que amaba.
Himura le miró a los ojos, pudiendo ver en ellos el terror y la agonía que había sufrido durante todos esos años. La abrazó aun más fuerte, tratando vanamente de hacerle olvidar todo aquello. La besó con la delicadeza de un pétalo de Loto, haciendo que el tiempo se detuviera durante unos instantes eternos.
- Al fin estás en casa mi amada. - la abrazó de nuevo, con un gesto protector.- aquí estás segura.
- Lo sé, querido - en sus facciones se dibujó una ténue sonrisa - lo sé...soñaba con que este día se cumpliera, cada día viendo como ese desalmado asesinaba jovenes inocentes y se divertía torturando a los plebeyos que iban a pedir ayuda. Soñaba con volverte a ver...fue eso lo que me mantenía cuerda. - sus ojos se encharcaron recordando las atrocidades que había visto.
- Siento no haber podido encontrarte antes, siento no haber podido estar allí para protegerte - Se separó un poco de ella. - juro que desde ahora nunca permitiré que te pase nada. - Himura se arrodilló mientras pronunciaba el juramento.
- Lo sé, no hace falta que lo jures - Rin se sentó en su rodilla, mientras los ríos de lágrimas bailaban de alegría y la emoción del momento; y le puso la mano en la boca señalandole que callará.
Acto seguido Rin se abalanzó sobre Himura, cayendo ambos sobre el suave suelo de madera de Cerezo Blanco. Tras dos años de desespero y acuciante soledad, ambas almas se unian de nuevo...
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