domingo, 5 de junio de 2011

Chapter 2.5. The child of depravity

Ajhmed era un joven de 15 años, nacido en el rocoso desierto interior de Kushistan. Acababa de volver a su casa, junto a su madre y su hermana menor de 6 años, tras haber ido en busca de agua al oasis cercano cuando miró hacia el sur.
Vió como el cielo se cubrió de negras nubes, portadoras de lluvias y posiblemente más de una inundación. Se giró de nuevo hacia su hogar, una pequeña casa de barro igual a todas las casas que formaban el poblado, y entró avisando de su llegada.
Su hermana, una niña de piel aun más morena que él y ojos verdes, llegó corriendo y le abrazó. Su querida hermana Mehiaf. La dejó en el suelo y le entregó una piedra verde que había cogido en el oasis. Sabía que a su hermana le encantaban ese tipo de piedras. Ella le sonrió con sus blancos dientes y corrió a enseñarselo a su madre.

Entró y dejo los odres de agua en el deposito, para que el agua se mantuviera lo más fresca posible. Luego avisó a su madre de las posibles lluvias que vendrían los días siguientes, nada fuera de lo normal, cada 3 o 4 años de sequía una gran lluvia venia a regar las yermas rocas del desierte, normalmente con grandes inundaciones y movimientos de tierra, pero que servían para aliviar la sed del poblado durante varios años. Pues ese agua se infiltraba en los pozos subterráneos que se esparcían por todo el desierto, proporcionandoles el agua necesaria.
Su madre se alegró con la noticia y fue a preparar el pequeño deposito de agua que tenían en la parte trasera de la casa para que recibiera ese agua traido por los dioses.

Cenaron entre risas, recordaron a su difunto padre, que murió hacía 1 año tras ser atacado por algunas de las criaturas que rondaban por el desierto. Antes de acostarse, escucharon los primeros truenos...la tormenta se acercaba.


Ajhmed se despertó a media noche, alertado por un gutural grito que se escuchó fuera de la casa. Agudizó el oido, esperando escuchar otro grito o ruido, pero el silencio reinaba el lugar. Se relajo de nuevo y se dispuso a dormir.
En ese momento su hermana entró en la habitación, temblando, con los ojos empapados. Ajhmed, alarmado, se levantó y la cogió en brazos mientras le preguntaba que pasaba.
- He visto una sombra...una sombra enorme que se acercaba hacia mi y madre. - le contesto Mehiaf, mientras se sorbía los mocos.
- Tranquila - le reconfortó el joven - seguro que ha sido una pesadilla. - cogió su bastón y le miró con un aire tranquilizador - Voy a ir a por esa sombra tuya y le voy a pegar una paliza para que no vuelva a asustarte más.
Mehiaf le sonrió.

Ajhmed salió de su habitación y se dirigió a la habitación de su hermana y su madre, unos metros más adelante. El pequeño pasillo estaba a oscuras con un silencio tan profundo que cada paso que daba sonaba como el golpear de un tambor. Se acercó a la habitación y miró en el interior. Vió la sombra de su madre acostada, durmiendo, tal y como la recordaba cuando el marchó a su lecho. Se acercó un poco más y le llamó por su nombre.
- Madre. - le llamó - Umara, madre, despierta - le repitió mientras le zarandeaba. - ¡Madre! - le gritó, volviendola. En ese momento se percató de que su mano se sentía pegajosa.

Un golpe de temor llamó al corazón de Alhmed. Cogió una lampara de aceite y la encendió con sus manos temblorosas presas de la tensión y el miedo.

Ajhmed deseó no haber encendido nunca esa luz. Vió a su madre, recostada sobre la cama, cubierta de sangre. Su abdomen había sido brutalmente desgarrado. Aunque lo que más le impresionó fue la cara de su muerte, con los ojos abiertos y la mirada fija, con la boja entreabierta y un gesto de terror y dolor.
Ajhmed se giró manchando el suelo de lo que anteriormente había sido su cena.

Tras recuperar la compostura se acordó de su hermana, sola en su habitación. Corrió hacia allí, presa de un temor tan grande que escuchaba los rápidos latidos de su corazón. Entró y vió a su hermana, sentada tranquilamente en la cama.
- ¡Mehiaf!¡Ven! - le dijó con impaciencia. - ¡Dame la mano!
Su hermana, obediente, le dió la mano y comenzó a hilar una pregunta que Ajhmed interrumpió con el gesto de que mantuviera silencio. La cogió en brazos y salió por la puerta trasera, esperando que nadie les viera.

Una vez fuera, miró a su alrededor. Vió las casas de sus vecinos que rodeaban la suya, en algunas pendía alguna antorcha apunto ya de consumirse.
Todo estaba tranquilo, demasiado tranquilo y silencioso, y eso le ponía a Ajhmed los pelos de punta. Avanzó con su hermana a la espalda en dirección al desierto.

De repente, escucho un ruido tras de si. Se giró, rapido, con el bastón preparado para golpear. Vió a Ozam, su vecino, que salía de su casa. Ozam le miró con sus ojos castaños que le llamaban y pedían ayuda, presa de un terror primitivo. Fue entonces, cuando Ozam dió el primer paso hacia Ajhmed, cuando una gran mano tan negra como el carbón cogió a Ozam del cuello y lo arrastró hacia el interior con tal velocidad que tan solo se escucho un mudo grito de sorpresa y desesperación.

Ajhmed, presa ya del más intenso miedo que cualquier hombre pudiera conocer, salió corriendo del poblado. Vió, mientras corría, como varias sombras salían de las casas y le seguían desde la penumbra. Corrió aun más, como nunca en su vida había corrido. Sintió a su hermana en su espalda, que lloraba en silencio...

Corrió durante mucho tiempo, una hora, quizá más, cuando presa del agotamiento se detuvo. Dejó a su hermana en el suelo y la cogió de la mano. Comenzaron a caminar, lento y pesadamente, su hermana a veces se detenía o se dejaba caer presa del cansancio y el sueño.

Siguió caminando, en trance, como si un muerto viviente se tratara. Caminaba en la vigilia, sin saber si en ese momento dormía o estaba despierto. Fue de nuevo un agente externo lo que le hizo despertar...hacia tiempo que no escuchaba el llanto de su hermana, ni sus ligeras pisadas en la arena. En cambio, si sentía como la mano de Mehiaf apretaba la suya...pero estaba fría...Ajhmed alzó su mano, encontrandose con la mano de su hermana, su brazo...

Escuchó como su garganta gritaba mientras soltaba la pequeña mano morena. Miró a su alrededor temerososo. Sus ojos bailaban rapidamente de lado a lado, sus miembros temblaban, sus oidos escuchaban miles de gritos dentro del silencio. Se hizo un ovillo en el suelo, gimoteando, llorando...

En ese momento escuchó como algo cayó a su lado. Alzó la mirada...cruzandose con la cristalizada mirada de los ojos verdes de su hermana...una mirada de sorpresa. Miró su respingona nariz, sus dientes blancos...vio su pequeña barbilla. Se arrastró hacia atrás, temblando, alejandose de la cabeza sin vida de su hermana...en su mente ya no sabía si llorar, gritar o reir de locura...ya no había nada, solo cabía espacio para la desesperación...
Alguien le cogío del hombro y lo levantó. Miró a aquel que le cogía...

Vió a un ser negro como la noche que le miraba con unos ojos blancos como la luna. De su cabeza salían dos cuernos negros, rectos y grandes. Su mirada era la portadora del miedo que acongojaba el corazón de Ajhmed. Vió su mano, una cruel mano negra con cinco garras bien afiladas.

Sintió una enorme punzada en el pecho. Miró, viendo como la mano de aquel ser le atravesaba...sus ojos se cerraron, su respiración se apagaba con cada segundo, su corazón se detenía con cada gota que corría por aquel torrente de sangre...

Despertó...Se levantó, aturdido, en medio del desierto junto a un oasis. Vió el destrozado cadaver de lo que pareció ser una niña de ojos verdes y piel morena. Cerró los ojos:
"Vio como un joven de cabello castaño, acompañado de 5 figuras más, entraban en una ciudad del sur"

El joven Ajhmed comenzó a reirse, rompiendo el silencio con una cruel carcajada. Abrió los ojos de nuevo, blancos y carentes de toda emoción.
- Corred...corred, porque no hay nada en este mundo que pueda ayudaros.

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