domingo, 5 de junio de 2011

Chapter 2.4. Black and White

La joven duk'zarist entró en los fríos salones de marmol negro, mientras miraba a su alrededor sonriente. Sus pasos, aunque apagados y tranquilos, rompian el espectral silencio que envolvía la sala.
A los lados, varias estatuas desgastadas le salían como sombras a su paso. Las ignoró y miró la gran estatua de piedra de una femina con una enorme vara de maleborgia que había al fondo, la cual le devolvió una gélida mirada, como si un gesto de complicidad se tratara.
A su lado, como una parte de si misma, caminaba su protector, su salvador en tiempos pasados. Le miró, con aquella mascara de hierro frío que debería hacerle daño en su alma pero que llevaba con un digno porte. "Fue el precio a pagar por mi liberación...". Se había jurado encontrar la forma de liberarle de la mascara, incluso encontró la manera, pero el se negó. Al comienzo no lo entendió, ¿quién querría vivir dentro de una mascara?", pero cuando ella fue a quitarle la mascara el respondió. "No temais mi reina, pueden ponerme los grilletes o mascaras que deseen, porque mi alma siempre sera libre...y ni el hierro frío ni la mejores de las prisiones podrán detener nunca el sentimiento que ello representa."
Al recordar esas palabras sonrió para sus adentros. Sabía que él le amaba, pero su condición y su diferencia de edad les hacía imposible estar juntos. Aun así no podía dejar de admirarle tanto por su valentía en el pasado como por su fuerza en el presente. Él era su escudo y su espada, y sabía que siempre estaría junto a ella.

Llegó hasta la estatua, que coronaba un vacio trono de madera negro.
- Id a buscar lo que necesitamos. E informar a los demás de que busquen a los restantes vástagos.
- Si, mi señora - se escuchó una profunda voz debajo de la mascara.

Una vez la dejaron sola una figura encapuchada salió de detrás de la estatua. La duk'zarist vió a la otra joven, algo más alta que ella, envuelta en una larga capa negra, dejando tan solo entrever un mechón de pelo blanco y los delgados y finos rasgos de su barbilla. Reconoció el brillo azul del ojo que le observaba dentro de la capucha, y un resplandor rojizo de la parte que le tapaba el mechon platino.
- Veo que el tiempo te ha tratado igual de bien que a mi. - la joven sonrió - Hace mucho tiempo que no nos vemos, querida.
La joven reina percibió la sonrisa, de aquella, que aunque con todo pronostico y reglas de ambas razas, era una de sus mejores amigas.
- Si, veo que ambas estamos igual, aun pasados varias centurias.- La encapuchasa se retiro la capucha, dejando ver su blanco cabello tapando uno de sus ojos mientras le miraba con su otro ojo de color cian. - Lo que me pregunto es porque has vuelto.
- No ha sido algo que quisiera. Pero por error acabe de nuevo en este mundo. - encogió los hombros. - Y tu, al fin te liberaste por lo que veo.
- Así es - le contestó con una sonrisa burlona en la cara - la cuestión es que pretendes hacer ahora. Conociendote no creo que dejes las cosas tal y como están y vuelvas a tu hogar.
- Me conoces bien. - miró a la estatua que tenía a su lado, buscando las palabras apropiadas- Pretendo hacer unos cambios en el mundo, sobretodo en algunos puntos al respecto.
- Entiendo... - la otra joven entrecerró los ojos - ¿Y cuántos inocentes te llevarás por delante?
- ¿Por qué me preguntas eso? - le reprochó molesta - !todo lo que pretendo hacer es para mejorar la estancia de todos nosotros en este mundo injusto y cruel!, ¡en un mundo en el que no somos mejor que perros! ¡Lo haré aunque tenga que llevarme las almas de medio humanidad! - Le gritó con la voz medio quebrada, llena de ira y odio hacia todos aquellos que le habían hecho daño a ella y a toda su raza.
- Entiendo como te sientes. - la otra joven bajo la cabeza con un enorme gesto de pesadumbre. Recordaba la vergüenza que paso al esconder su verdadera identidad día tras día, a vivir como una fugitiva y siempre en una constante mentira.Cuando consiguió sobreponerse continuo: - Hay otras formas de conseguirlo, y no tiene porque sufrir tanta gente. Juntas podremos conseguirlo...hay muchos que nos ayudarán. Confía en mí.
La joven de vestido negro negó con la cabeza. - No lo entiendes - suspiró - mientras sigan adorando a ese falso dios no hay futuro para nosotros ni para la humanidad. No pretenderé obligarles a que antepongan su fe, pero si destruiré a aquellos que nos capturan como animales y nos queman como vulgar rito de purificación. Pronto, esos santos demonios encontrarán su fin.
- Siento escuchar eso. - le contestó la segunda joven - permitiré que luches contra aquellos que nos asesinan y enjaulan, pero si un inocente muere a tus manos tendré que detenerte. Por mucho que me duela.
- No esperaba menos de tí - la joven sonrió, con un aire de tristeza - Que Azrael te guíe, aunque lleve a la muerte de una de las dos.
- Que la venganza no te lleve a perderte a ti misma - la segunda joven se giró, tras hacer un gesto de despedida - tu pueblo te necesita más allá del velo, tanto como los vuestros que pueblan este mundo...
- Edel... - susurro la joven, con un quejido casi inaudible mientras dos arroyos manaban de sus cristalinos ojos rojos. - Cuidate... - dijo en el momento en el que la silueta desaparecía por uno de los pasillos.

Tras haber pasado unos minutos, y después de enjugarse las lágrimas, la joven miró a la estatua, una figura de sus antepasados. "Hace tiempo dominamos parte de este mundo, ahora luchamos por sobrevivir...no te fallaré mi querida amiga...Destruiré a todos aquellos que nos impidan a estar juntas de nuevo. Te lo prometo" Se giró para ver como sus subordinados llegaban con varios objetos, e innumerables huevos.
- Poneos en contacto con los angeles caidos, me gustaría debatir sobre varios temas antes de que todo comience.
- Se hará como deseéis.
La joven, acarició uno de los huevos. - Denis, toma esta carta, y dásela al noble de Dupois.

Una vez todos se pusieron en marcha, la joven, salio a uno de los balcones de la torre. Observó como el sol se escondía entre las montañas dejando todo en matices de rojos y naranjas. Su cabello, bailando con el viento, tomó el color del sol y de la luna. Respiró hondo el aire cálido del lugar y sonrió.
"Es hora de despertar, pues hoy comienza el nuevo mundo"

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